Finalmente llegó el momento formal: Universal Cargo Argentina cumplió cuarenta años de vida. Para una persona, cuarenta años son una clara señal de madurez. Para nosotros, también.
Nuestra infancia nos encontró llenos de ilusiones. Empezamos muy, pero muy humildemente, en una oficina del centro de Buenos Aires, cuando todavía se utilizaba el télex y las máquinas de escribir no se vendían en los anticuarios. El fax todavía ni siquiera había llegado. Era todo muy romántico: archivos de papel por todos lados, las transferencias automáticas eran un sueño y los cheques llegaban en un sobre. Las llamadas internacionales se pedían con varias horas de anticipación; hoy se resuelven en segundos, hablando con alguien a miles de kilómetros a través de un celular.
A todo le poníamos mucha pasión. Y, de a poco, aquel sueño comenzó a convertirse en una realidad.
No existió una fórmula mágica ni una bala de plata para llegar a la adolescencia. Fue fundamental el humano recurso, que nos ayudó a atravesar muchas de las tormentas que aparecieron en el camino. Cuando la pasión no alcanzaba, buscábamos un propósito. Y con el correr de los años fuimos aprendiendo a adaptarnos a lo que el mercado exigía.
Por un lado, tuvimos que incorporar tecnología de todo tipo y, por otro, aggiornar el humano recurso para estar a la altura de las nuevas exigencias de la competitividad. La experiencia acumulada en mudanzas internacionales fue dando lugar a nuevos servicios que completaron nuestra oferta comercial. Un área de la empresa impulsaba a la otra, generando una sinergia muy interesante. Y hoy seguimos sintiéndonos una gran familia cuando las diferentes áreas se juntan.
Solemos decir, como una frase interna, que Universal Cargo Argentina se dedica a transportar afectos personales en vez de efectos personales. Esto no figura en el Código Aduanero. Allí, formalmente, se habla de equipaje no acompañado o de transporte al exterior de artículos del hogar usados; lo que en España llaman trasteo internacional. Ninguna de esas expresiones refleja realmente la carga emotiva de lo que hacemos cada día.
Transportar afectos personales implica llevar una parte de la historia de una familia al otro lado del mundo: ese mueble de la abuela, el primer diccionario que te regalaron cuando eras chico, o el cuadro que pintó tu papá cuando vos todavía no habías nacido. Son objetos, sí. Pero para quien los recibe, son mucho más que eso.
Hoy, nuestra adultez nos encuentra pensando también en la responsabilidad que tenemos como parte de la sociedad. En la sustentabilidad, en la igualdad de oportunidades y, sobre todo, en generar posibilidades de desarrollo para quienes formamos parte de Universal Cargo Argentina.
El desafío que tenemos por delante es tan grande como nuestro entusiasmo.
Enero 2024